La invitación de boda: Un poco de historia

invitación de boda vintageLa invitación de boda, como todas las costumbres y tradiciones que forman parte de esta celebración tan especial, tienen una historia que se remonta siglos atrás. Un día tan señalado merece que se comparta, por lo que el mecanismo que nos permite comunicar la noticia y hacer partícipes del evento a los que nos rodean debe estar a su altura. ¿Me acompañáis en un breve recorrido por la historia de las invitaciones de casamiento, comenzando por la época en la que ni siquiera se enviaban invitaciones como tal hasta descubrir cómo y cuándo comenzaron a imprimirse y enviarse las tarjetas de boda que hoy conocemos?

La primera invitación de boda: La figura del pregonero

Durante muchos siglos, en Europa el pregonero fue el encargado de hacer público y notorio todo lo que se quería hacer saber a la población de una localidad (el origen de esta figura se remonta ni más ni menos que hasta la antigua Roma): en las plazas más importantes de la villa convocaba a sus habitantes para transmitirles todo tipo de noticias y anuncios de eventos, entre los que se encontraban los anuncios de próximas bodas. Como en dicha época la inmensa mayoría de la población era analfabeta, lo más razonable era que la noticia de la próxima celebración de un enlace matrimonial (e, indirectamente, la invitación de boda) fuera transmitida al pueblo de forma oral, tal y como se comunicaba todo evento de interés.

Los monasterios, cuna de la primera invitación de boda en papel

Durante la Edad Media, el arte de la escritura quedaba reducido al clero, escribanos de la corte y limitados miembros de la nobleza, por lo que no es de extrañar que las primeras invitaciones para boda en papel aparecieran alrededor del siglo XIV de la mano de los monjes. Dichas invitaciones de boda, limitadas a enlaces de las familias más poderosas y adineradas de la época, resultaban pequeñas obras de arte, equiparables a delicados códices y libros de época: además del texto que recogía la invitación de boda, se añadían complejas reproducciones de los escudos de armas de las familias anfitrionas y se sellaban, una a una, con la inscripción y el sello familiar en cera. La laboriosidad que requería este proceso, evidentemente, representaba un coste prohibitivo para la inmensa mayoría y únicamente la nobleza podía permitirse el lujo de enviar una invitación de boda en papel (lo que cabría considerar el antecedente más directo de las tarjetas para boda que conocemos hoy en día).

La invención de la imprenta a finales del siglo XV permitió comenzar a reemplazar a los monjes en las labores de copia y difusión de libros y todo tipo de material escrito, entre ellos, claro está, las notificaciones de enlaces entre las familias de la nobleza.

La litografía, madre de la invitación para bodas moderna

No fue hasta ya entrado el siglo XIX, cuando las tasas de analfabetismo comienzan a descender de manera pronunciada y, muy particularmente, tras la introducción y popularización de la litografía (ideada en 1796) que facilitaba la impresión de un modo más sencillo y económico, cuando la invitación de boda o, mejor dicho, la tarjeta para boda, crece paulatinamente en popularidad y su uso se difunde por todo el mundo occidental. En paralelo, durante esa época también se desarrolla el hábito de anunciar las bodas en la prensa, reemplazando en esta función el rol desarrollado durante siglos por el pregonero.

El elemento que terminó por contribuir de manera decisiva a la popularización de la costumbre del envío de invitaciones para boda fue el desarrollo que los servicios de correo vieron durante el siglo, impulsados a su vez por el gran desarrollo de los medios de transporte -lineas ferroviarias, introducción de vehículos a motor, etc.- Por primera vez era posible imprimir y enviar una invitación para boda de un modo relativamente simple a precios razonables. Definitivamente la invitación de boda había llegado para quedarse.

Las primeras invitaciones de boda, un asunto de familia

Tradicionalmente la invitación para boda era enviada por las familias de los novios y no por los novios en sí. De hecho, cada familia enviaba su propia invitación de boda, de modo que si ambas familias tenían conocidos en común, estos recibían dos invitaciones para la ceremonia, una por cada familia.

Los tiempos han cambiado desde entonces, es cierto, pero ciertas tradiciones, entre ellas el envío de la invitación de boda, no lo han hecho tanto. El correo electrónico y las comunicaciones digitales en general se han convertido en una componente esencial de nuestras vidas y poco a poco han conseguido arrinconar y limitar el uso de la comunicación en papel, pero lo cierto es que aún hoy la costumbre de preparar y entregar la invitación de boda a los invitados a la ceremonia, bien en persona y en mano o bien a través del correo, sigue estando muy presente. Incluso las bodas más modernas y originales raramente prescinden de este elemento tan característico. Eso sí, ahora son los novios los que eligen o incluso diseñan su invitación de boda, la entregan y deciden de qué forma quieren celebrar su unión. Mucho mejor, ¿verdad?

Vale, pero ¿cómo diseño mi invitación de boda?

Si una vez finalizado este breve recorrido introductorio por la historia de la invitación de boda quieres saber más: qué debes tener en cuenta para diseñarlas y enviarlas, si buscas ejemplos de invitaciones originales o elegantes, te sugiero que te pases por mis siguientes artículos:

¡Seguro que te son de ayuda! 🙂

Vuestros comentarios
  1. Eloy Rodriguez Cantó | Reply
    • Débora | Reply

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